A nivel mundial, el número de personas discapacitadas se aproxima a los 650 millones, cifra que representa el 10% de la población global y más del 20% de las personas más pobres del planeta. Los niños discapacitados son estigmatizados desde su nacimiento y más propensos a ser víctimas de la exclusión, el ocultamiento, el abandono, la reclusión y el abuso. Las tasas de mortalidad entre niños discapacitados alcanzan el 80% incluso en países donde la mortalidad entre menores de 5 años se ha reducido significativamente a valores inferiores al 20%1. Increíblemente, en los países en desarrollo el 98% de los niños discapacitados no asiste a la escuela.
La
Convención de la ONU sobre los derechos de las personas con
discapacidades (CDPC) que entrara en vigor en mayo de 2008, representa
una extraordinaria iniciativa tendiente a reconocer a los discapacitados
como miembros activos e igualitarios de la sociedad. La CDPC propugna
el goce pleno por parte de todas las personas con discapacidades de
todos los derechos humanos y libertades fundamentales en condiciones de
igualdad y destaca la importancia de las intervenciones en los primeros
años de vida así como la inclusión temprana de niños discapacitados al
sistema educativo. La presente Nota, junto con plantear que el cuidado y
educación de la primera infancia (CEPI) constituye un medio poderoso de
nutrir las diversas habilidades y de superar desventajas y
desigualdades, analiza las principales estrategias que permiten
responder a las necesidades de desarrollo de los niños menores con
discapacidades.
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